Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amor. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de febrero de 2012

Visan Valentín

Fue aquel frío día de Navidad paseando por las ramblas de una vieja avenida cuando te vi por primera vez. Brillabas con luz propia convirtiendo la noche en día, iluminando mi rostro perplejo por tu magnificencia. Seguí mi camino prometiéndome regresar con la esperanza de volver a encontrarme contigo. Las noches que siguieron retuvieron tu imagen en mi mente, permitiéndome imaginar cómo eras por dentro, inventarme los tesoros que me tenías reservados si me permitías formar parte de tu mundo.

Y el destino quiso que los meses posteriores mi camino al trabajo me permitiera cruzarme contigo. A veces simplemente te miraba al pasar reduciendo mínimamente el paso, otras en cambio me detenía para observarte detenidamente. Entonces fue cuando sin decirnos nada tú y yo convertimos esos encuentros en algo más. Una simbiosis en la que tus días pletóricos me llenaban de felicidad y los días que te inundaba el vacío me entristecían el corazón.

Los dos ya éramos casi uno, pero aún faltaba por dar el último paso, el más importante,la consumación de encuentros y desencuentros, la contastación de nuestro amor. Y fui yo quien se lanzó aquella tarde de San Valentín en el que mis sueños se hicieron realidad. Desvelados millones de secretos en los que reí, me maravillé y disfruté cuando por fin entregándo mi corazón y mi alma me adentré en ti...

Ha pasado mucho tiempo desde aquel inolvidable día, pero seguido de largos y continuos reencuentros pues nunca, desde entonces, perdimos la costumbre de volver a reunirnos en todas las ocasiones posibles, Navidad, Reyes, el día del Padre, de la Madre, el día del libro, la vuelta al cole, las rebajas de enero, los ocho días de oro, la llegada de la primavera, la moda otoño-invierno, la semana de China, los cofres de tu cumpleaños y, por supuesto, San Valentín.

¡Te quiero Cortinglés!

lunes, 8 de agosto de 2011

Sonetone

Entre el correo recibido, hay muchos comentarios sobre cierto tufillo machista que rezuman las composiciones del escritor Andy Trueman. No es un secreto que Andy tenía cierto grado de misoginia debido en parte a la educación machista de la época, a la mala experiencia que tuvo con las mujeres a lo largo de su vida, y a que madre le obligó a llevar corsé hasta los doce años.

Un ejemplo de sus fallidos romances es el que vivió con la Condesa Talkby D. Elbows, una encantadora jovencita de la aristocracia austrohúngara y descendiente de un militar inglés que quedó prendada de algunas obras de Andy Trueman, hecho que llenó de preocupación a sus padres hasta que descubrieron aliviados que no sabía leer.

En un baile celebrado en Viena, ambos jóvenes tuvieron la oportunidad de conocerse y mantener una larga charla principalmente conducida por ella. Andy quedó encantado por la multitud de conversaciones que la Condesa era capaz de llevar adelante. "Incluso dos o tres a la vez", comentó sorprendido el autor, "una de ellas la mantuvo sola mientras yo fui al baño", añadió.

miércoles, 3 de agosto de 2011

El amor es ego


Entre las miles de cartas que recibo a diario de mis acérrimos fans se pueden distinguir dos categorías principales. Una en la que un lector me incita a hablar un poco más de mi persona para que la gente me conozca mejor, y las amenazas de muerte.

Así que para agradar al 50% de las categorías de mis lectores voy a hablar de mí mismo. Pero más concretamente de mi yo interior como ente interno intrísicamente embebido dentro de mí mismo.

Pues bien, todo esto viene por la célebre frase "Conócete a ti mismo". Un psicólogo te dirá que conocerse a sí mismo te permite ser consciente de tus defectos para corregirlos y de tus virtudes para aprovecharlas. Un psiquiatra te dirá lo mismo pero añadirá doscientos euros a la factura. Resumiendo, el conocerte hará que te quieras más a ti mismo y menos a tu economía.

jueves, 13 de enero de 2011

Efecto coliteral: Una aclaración de amor...

Querida querida:



Me he quedado bastante sorprendido por tu hiriente contestación a la poesía que te envié. Creo que tienes cierto problema para distinguir una metáfora (además de una exageración, comparación, metonimia, antítesis, prosopopeya, etc.) de lo que realmente quiero decir en el mensaje. Por ello, para intentar calmar tu enfado, quiero hacerte unas aclaraciones:

"...te traería la luna y las estrellas."

Esto significa que te daría todo lo que quisieras siempre que esté en mi mano, ya que obviamente no puedo cargar con una luna que pesa más de 700000000000000000000000 kg. El caso de las estrellas es aún peor ya que no sólo me gastaría una pasta en el taxi, sino que en el hipotético caso de que lograra acercártelas te causarían quemaduras de noveno grado por todo tu cuerpo y seamos sinceros, el bronceado no conjuntaría con el color de tu pelo.

lunes, 10 de enero de 2011

Amar en huevos revueltos

Hubo un tiempo en que viví con una tribu india y, entre las muchas enseñanzas heredadas a lo largo de generaciones que aprendí de su ancestral cultura, me llamaron la atención dos cosas: La primera era una curiosa forma que tenían de hacer fuego utilizando hábilmente corteza de árbol seco, savia de cactus verde, conchas de puercoespín y un lanzallamas; la segunda era la amplia sabiduría que atesoraban sobre uno de los misterios más inhóspitos con los que se haya encontrado el hombre: la mujer.

Aprendí que el hombre se equivocaba al pensar que las cosas son blancas o negras, las cosas son del color que elija ella. En un relación entre ambos, es ampliamente sabido que el rol que juegan ambos es muy diferente, mientras que nuestro objetivo es tomar el control de la situación, el de ellas es hacer que parezca que lo tenemos nosotros.