jueves, 27 de enero de 2011

La perceberancia del incrustáceo

¿Percibe un percebe que padece que parece que perece?

Esta pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez en la vida tiene una clara respuesta, pero aún no sabemos cuál es.

Sin embargo podemos preguntarle lo que sintió un hombre de un pueblo de Cáceres llamado Demetrio, que sufrió un terrible episodio de dolor. Pescando tranquilamente en la orilla del mar, tropezó con una piedra en forma de dodecaedro regular que había semienterrada en la arena y al caer sobre unas rocas que sobresalían del agua se clavó un percebe en los genitales.

Demetrio intentó por todos sus medios deshacerse del pollícipe sin éxito, lo cual sólo provocaba que éste se introdujera más en la herida.

sábado, 22 de enero de 2011

Peter Clive, detective: El curioso caso de Benjamín putón (Introducción)

Desperté de pronto. La luz del sol entraba por la ventana y mi cuello me dolía como si hubiera hecho un sesenta y nueve durante toda la noche. Apenas sin abrir los ojos me acaricié el rostro. Lo áspero de mi barba de tres días me quitó el picor de los dedos. Bostecé y recordé dónde estaba, sobre la silla de mi despacho, con el aliento del whisky de anoche y la misma ropa de los últimos cuatro días. Entonces me di cuenta que no estaba solo. Una sombra al extremo de mi cono de visión me observaba pacientemente. Giré la cabeza y la vi. Era alta y guapa, el pelo rubio estaba recogido por un elegante moño y llevaba puesto un abrigo de leopardo de al menos tres mil pavos. La posibilidad de ganar una pasta me espabiló.

- Buenos días, señora...
- Señorita -interrumpió con un halo de inquietud-. Helen Bridge. Usted debe ser el detective Clive.
- Así es, veo que ha leído el cartel del cristal de la puerta.
- Su puerta no tiene ningún cristal. Lo he reconocido por la descripción que me dio el conserje: "un saco de piltrafa sucia y maloliente."

jueves, 20 de enero de 2011

Sosoneto

Hola, no sé por qué me decidí
a escribirte estos amargados versos
si puedo ver la esperanza tan lejos
como alejada tu alma está de mí.

Y es que el día que yo te conocí
ocupado estaba tu dulce aliento
tus caricias, tus abrazos, tus besos,
aquellos que nunca podré sentir.

Pues ya que eres solamente para él
y jamás tu ser estará conmigo
yo siento la necesidad de creer

que es cometer un grave desatino
afirmar que es más trágico perder
que nunca en el amor haber tenido.

miércoles, 19 de enero de 2011

Cartas a la papelera de reciclaje (II)

Hola, buenas noches a todos y todas (menos a una). A continuación respondemos con alegría a esos valientes lectores que nos escriben sin vergüenza ni sentido del ridículo.

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La carta de hoy es de Pena, Carlos Pena y dice así:
"Hola Klyon:

Quería comentarte que te sigo desde que empezaste este blog hace un año. Al principio solo me llamaba un poco la atencion, ahora ya me vuelve loco. De hecho te sigo tanto que ahora sé dónde vives, quiénes son tus amigos, tus familiares, qué haces en tus ratos libres, etc.

Mi psiquiatra me dijo que este tipo de comportamiento obsesivo compulsivo puede derivar en episodios de ansiedad e incluso respuestas agresivas y violentas. Yo le respondí que no estaba de acuerdo y seguidamente le abrí la cabeza con un hacha.

Sólo añadir que mi único deseo en este mundo es matarte cuando menos te lo esperes.

Un saludo."

martes, 18 de enero de 2011

Tealtrernativo

Granada's Fuera representando la obra:
"La gallina Caponata cruzó la carretera"
En la bella ciudad de Granada, nació uno de los hombres que más daría al teatro un esplendor que había perdido, el célebre autor Darío Esplendor Perdido, hijo de los famosos actores Darma Esplendor y Edmundo Perdido. Darío creó maravillosas obras propias en las que, tras múltiples repasos por parte del autor, observó con mucho pesar que en realidad no eran ni propias, ni propias para el teatro. De modo que dedicó muchos años a la escenificación de obras largamente olvidadas, tarea que conllevó tediosas jornadas de trabajo para poder recordarlas.

En cierta ocasión, encontró un manuscrito que había sido conservado en el tiempo dentro de una cámara frigorífica y que, tras largas indagaciones, resultaba ser un viejo poema de amor titulado: “Viejo Poema de Amor” cuyo autor había guardado como envoltorio de un sándwich de queso. El manuscrito contenía manchas de aceite mezcladas con la tinta dejando el papel emborronado y casi ilegible. De modo que mediante un proceso de restauración lento y laborioso se consiguió eliminar la tinta dejando intactas las manchas. Aun así se conservaron en el papel dos versos de la obra que decían así: “Tíreme a una papelera, mantenga limpia la ciudad.”

lunes, 17 de enero de 2011

Cuando el sofá pierda la guerra...

Te veo y no te creo. Despiertas y regresas en la noche, mas en otra noche distinta. Los sueños no te roban el sueño. No te agotas ni gota. Flanqueas el flaqueo. Rindes sin rendirte. No te amedranta el desmedro. Empeñarías tus cejas por no cejar en el empeño. Vives, sobrevives, revives y pervives...

Sin embargo...

Hay lugar a una risa con sonrisa, a la meca de las muecas, un guiño sin guiñapo, un grito sin grietas, un correo no correoso, un apaño sin empaño, una mirada sin mira, la mitad de una amistad...

Cuentan en un pueblo sevillano que existiose una losa
ocultando la cavidad al que una noche cayó un mozo,
más éste al salir de la fosa mascó con aire de gozo:
"Nunca al caer a un pozo, vi todo tan de rosa..."

domingo, 16 de enero de 2011

Latos relatos (I): El escritor

El rodó hacia el otro extremo de la cama y cayó en un proceso de relajación. Con la mano derecha secó suavemente dos gotas de sudor que recorrían su mejilla y miró fijamente el techo blanco y agrietado.

Ella no cambió su posición, puso sus manos debajo de la almohada y miró de reojo el despertador. El brillo verde de los números molestaba a la vista, sobretodo a las cinco y treinta y dos minutos de la madrugada.

-En las películas es el momento en el que ambos se fuman un cigarrillo -dijo ella volviendo la vista hacia el techo.

-Pero esto no es una película -contestó él.

-En cierto modo se parece -se puso de costado de espaldas al despertador-. Hemos tenido que pasar auténticas aventuras para que tú vendieras tu novela y acabáramos juntos los dos.

-Sí, y viviremos felices hasta que nos demos con la puerta en las narices.